Fanzine TerBi Certamen de relato

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martes, septiembre 20, 2016

Entrevista a Juan Manuel Sánchez Villoldo, autor de "Las Guerras del Código"

El escritor Juan Manuel Sánchez Villoldo, miembro del taller de la TerBi, publica su primera novela “Las guerras del código” en EC.O Ediciones Cívicas.O.(http://edicionescivicas.org/producto/las-guerras-del-codigo/

La obra cuenta como en una pequeña comunidad de la América rural, los niños desarrollan una salvaje deformidad que hará de ellos asesinos monstruosos bautizados como coyotes. Tras un primer combate y aparente victoria, otro pueblo es atacado y todos los habitantes devorados. Julián Mozzi, superviviente de la primera batalla, es convocado para dirigir las operaciones de contención de este nuevo ataque.
Entrevistamos al autor
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·        Hasta ahora te has dedicado a los relatos ¿Por qué y cómo ha sido el salto a la novela?
·        En realidad fue simultáneo. Cuando los amigos me animaron a escribir algo «de verdad», más allá de los pequeños relatos del blog, mi primera idea fue escribir una novela. Quería verter algo de lo que estaba viviendo en Filipinas, donde resido actualmente, y sobre mi trabajo como profesor y «mediaman». En ese momento me llamaron la atención un par de convocatorias que vi en internet: por un lado un concurso literario sobre la violencia de género y por otro una antología de terror para autores noveles. Envié sendos relatos y he aquí que fui seleccionado en las dos. Para la antología, «En los albores del miedo», publicada por Dolmen, escribí «Gotten Wille», que pudiera ser el capítulo cero de  «Las guerras del código». Todos, incluido yo mismo, pensaron que «Gotten Wille» daba para más, así que me puse con ello y terminó, dos años después en la novela de la que hablamos. Y de forma simultáneas escribí la otra novela que empecé «Bitatawa», que me ha llevado cuatro años y ya está haciendo su periplo por las editoriales, a ver si alguien la ve interesante…
·        En la presentación se remarca mucho que no es una novela de zombis y de espectros…
·        No es que tenga nada en contra del género Z, en absoluto, pero es que no es posible poner esa etiqueta a «Las guerras del código». No hay muertos vivientes ni virus, bacterias, hongos o protozoos dispuestos a acabar con nosotros de modo instintual o infeccioso. Hay ataques, y son terribles, pero en poblaciones aisladas y en respuesta a una provocación. Son batallas llevadas en secreto. Aunque la literatura zombi ha evolucionado desde  aquellos cuasi idiotas que apenas se podían desplazar hasta dotarles de inteligencia y habilidades con las que antes no contaban, esos seres eran y son  humanos condenados: no es el caso. Quien haya leído «Gotten Wille» ya sabe que los «coyotes» están organizados, y aunque pueden asimilar otros seres, no son en esencia humanos reconvertidos, sino una nueva vía, otra especie.


·        El tema de los monstruos genéticos y por la ciencia tiene ya mucha tradición ¿Qué ofrece tu obra?
·        ¡La pregunta del millón! Y qué difícil de contestar. A todos nos gustaría que lo que escribimos fuera una novedad indiscutible, pero –aunque no todo esté inventado− es muy difícil, casi imposible, encontrar un argumento original en su totalidad. «Las guerras del código» ofrece, como creo que todas las novelas de ciencia-ficción, una posibilidad. El hecho de que hay cosas que «pueden ocurrir» es, en mi opinión el territorio de caza donde se alimenta el escritor y el lector de este género. Hoy en día la genética es una ciencia, o una disciplina científica, con «glamour». ¿Se puede llamar moda? No lo sé. En los años cincuenta la ciencia ficción nos traía invasiones de Marte y monstruos «atómicos», porque era la percepción que la gente tenía de lo que hacía la ciencia. Llegaron los setenta y nos encontramos con los viajes a la luna, y los novelistas buscaron las grandes exploraciones del sistema solar y de la galaxia. Más tarde hablábamos de grandes imperios y de complicadas políticas. Ahora le toca a la genética. Mañana quién sabe…
·        Parece ser una obra sobre las consecuencias de modificar en exceso la naturaleza y los genes. ¿Crees que nos estamos pasando?
·        En realidad en la novela no hay una voluntad de modificar el entorno. Se trata del fanatismo, cuya consecuencia en mi relato es el vaciado de nichos ecológicos.
Vivimos un momento en el que el dogma tiene un enorme peso en una gran parte de la sociedad. Lo vemos a diario. Se elige la dieta, la ropa y hasta las actividades de fin de semana porque queremos ser especiales, y desestimamos lo que nos dice la evidencia científica para escondernos detrás de palabras mágicas. «Ecologismo» (que no ecología) es una de ellas. Se difunden errores y se hacen afirmaciones de brocha gorda sin tener en cuenta las consecuencias. Por ejemplo, nunca nuestra alimentación ha estado más controlada que hoy en día. Jamás ha sido tan segura, pero aun así hay voces que pretenden aportar soluciones a problemas que no existen, sólo porque alguien lo dice. Con un poco de buena voluntad, ninguna mentira resiste una búsqueda en internet. En ese sentido, ser un ignorante, es una opción. ¿Nos estamos pasando? En muchas cosas, sin duda, pero será la ciencia quien nos dé la solución: no los predicadores.

·        ¿Hay alguna obra que crees que es indispensable leer en este tema o supuesto? ¿Cuáles son tus autores favoritos?
·        Uy… eso es un torpedo por debajo de la línea de flotación. Me gustaría decir que mi novela está estructurada como lo haría Asimov, narrada como Bradbury  y científicamente ajustada como si fuera obra de Niven. Claro ¿A quién no?
Siempre he dicho que soy hijo de las novelas de «a duro», de aquellas novelas que cambiaba por una peseta en la tienda de chuches del barrio. No me cansaré de reivindicar a todos aquellos autores como padres intelectuales de muchas obras actuales.  Como lector soy clásico e infiel, más amigo de las obras que de los autores y releo muchísimo a  los que he mencionado y a otros muchos. Benford, Pohl, Robinson, Lem, C.J.Cherryh, Clarke… Pero tampoco quiero olvidar las películas en blanco y negro de los sábados por la tarde y de las series de televisión de la infancia. «Star Trek»− ya que estamos en su cincuenta aniversario− o «Perdidos en el espacio» son influencias que no puedo negar, como tampoco puedo negar una de mis favoritas, «Viaje al fondo del mar»
Creo que hay un momento de la infancia dónde somos improntados, si se me permite usar esa palabra, y  parte de nuestra construcción personal se basa en los valores que recibimos en ese momento. Yo era un niño muy retraído y me refugiaba en esos mundos donde las cosas podías ser terribles, pero en los que al final siempre ganaba «el bueno». Cierto que la vida no es así, pero aquello me hacía pensar que debe ser así, que es lo que importa. Ya he comentado antes que, para mí, la ciencia ficción ofrece posibilidades, es educativa, y en esas historias muchas veces es el conocimiento lo que salva la vida de los protagonistas o a una civilización entera.
Y por volver a la pregunta original. ¿Cuáles son mis autores favoritos? Creo que tengo uno nuevo cada semana, gracias a grupos como Terbi.
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¿Qué tal y como fue el proceso de publicar con EC.O Ediciones?
·         ¡Ojala todo fuera tan fácil! Ante todo tengo que admitir que mi experiencia personal con editoriales es mínima, aunque me creo con derecho comentar que las diferencias de trato de algunas de ellas con los autores son abismales. He pasado por educados rechazos a no dignarse a responder ni tan siquiera si han recibido el original. En ese sentido EC.O es ejemplar. Desde el primer momento me han arropado y aconsejado en cada paso que se ha dado, todo de forma muy clara y ordenada. Es muy importante trabajar con personas, no con entes abstractos sin nombre ni apellidos, pero además con personas competentes, trabajadoras y serias. Una novela son años de trabajo, y cuando ves que la miman, que te consultan cada paso y que te dan consejos ajustados como un zapato, no pues menos que descubrirte. No creo que podría haber caído en mejores manos siendo «primerizo». Escucho muchas historias sobre empresas que parecen depredadores del mercado editorial. Me temo que si caes en una de ellas con tu primer trabajo, se te haga muy difícil continuar. Para mí,  EC.O se personaliza en Isabel González. No creo mucho en las musas a la hora de escribir, pero si tuviera una a la hora de publicar, sería sin duda ella.
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¿Estás escribiendo algo ahora?
·        Todos los días saco tiempo de donde sea para escribir mil o dos mil palabras. Ya he comentado que estoy moviendo «Bitatawa» mi segunda novela terminada, pero la segunda parte de «Las guerras del código» va casi por la mitad. No me atrevo a decir que sea una trilogía, sino más bien una «historia en tres partes» aunque todas ellas se puedan tomar como novelas independientes. No me lo planteé así, pero es lo que salió, así que cuando termine con esta segunda parte, titulada de modo provisional «Los exiliados de la Hélice» (sí: recuerda demasiado a un relato de Simmons) me pondré con esa tercera parte que ya está estructurada. En cualquier caso, y de forma simultánea, estoy escribiendo otra novela de ciencia ficción que nada tiene que ver con lo escrito hasta ahora. Siempre estoy en dos o tres cosas a la vez. Cambiar de registro es la forma que mejor me resulta para saltar los bloqueos. De todos modos, antes de final de año tienen que salir algunas cosas más, entre ellas una antología en la que varios autores e ilustradores hemos puesto muchas horas y mucho cariño, pero no tiene nada que ver con la ciencia ficción.
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Si quieres añadir algo más…

·        Sería el momento de los agradecimientos. Ya he mencionado a Isa González de EC.O, pero sin personificar quiero dar las gracias a “Vuelo de cuervos”, “Ficción científica”, Terbi, NGC3660 y a unas cuantas personas que ya saben quiénes son, en especial mi hermana. Tampoco sería justo olvidar  lo que me han dado las Islas Filipinas, con sus seres míticos y maravillosas leyendas que me han servido de inspiración.